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'10
líneas para una historia'
"Como
caramelos" de Iñigo Busto, 5º de Organización Industrial,
primer premio del concurso de cuentos de 10 líneas.
"Como caramelos" de Iñigo Busto (5º de
Organización) es el título de la obra ganadora del Concurso de
Cuentos de 10 líneas, seguido de "Al menos tu nombre"
de José María Visiers (Servicio de Información), como segundo
premio, y "Mayúsculas o minúsculas, no da
igual" de Carmen Blanco (Prof. de Cálculo), en tercer lugar.
"Escribir
es satisfacer una necesidad. Escribo porque lo necesito. Es una
vía de escape, pero escape sin ninguna connotación negativa.
Llevo algo dentro y necesito plasmarlo", afirma el ganador
Iñigo Busto, que ve la literatura como una necesidad expresiva.
El Jurado estaba integrado por miembros de Namasté
el grupo de Literatura que lleva cuatro años promoviendo
actividades en torno a la Literatura en la Escuela. Según Ricardo
Gil Piñeirúa, alumno de 5º de Organización, "había más
de una veintena de cuentos y ha resultado difícil tomar una
decisión. El buenísimo nivel nos ha llevado a incluir un tercer
premio". Además de Ricardo Gil, los encargados de elegir los
mejores cuentos han sido Francisco Crosas, Prof. de Literatura,
Joaquín de No, Prof. de Sistemas de potencia, José Ignacio
Murillo, Prof. de Ética.
Lee
los cuentos premiados del Concurso de 10 líneas
COMO
CARAMELOS
Hay
caramelos que te empiezan gustando pero luego se vuelven tan
fuertes que los tienes que tirar. Hay otros que son tan buenos,
que no duran nada. Los hay que se pegan a tu paladar, y no se
despegan aunque se lo pidas por favor. Hay otros a los que cuesta
mucho quitarles el papel pero luego son de lo mejor que has
probado. También, los hay tan malos que en cuanto te los metes en
la boca te empiezas a acordar de tus muelas. Algunos te los
regalan, pero esos no son de los buenos. Los buenos son caros,
pero vale la pena pagar lo que te exigen.
Hay
personas que son como caramelos...
AUTOBÚS
INTERURBANO
AL
MENOS TU NOMBRE
Cuando
tú te fuiste apareció ella. Sólo me miró y yo la seguí. Sus
labios eran dos delgadas líneas azuladas. Desapareció entre la
gente. Al llegar al portal una mano me rozó el hombro, me di la
vuelta y allí estaba ella. La invité a pasar con un gesto del
brazo. Tenía la cara muy pálida. Subimos en ascensor los dos
mirando al suelo. En silencio di tres vueltas a la llave y
entramos a casa. Sin decir nada, me metí en mi habitación y me
acosté. En dos semanas no hablamos. Me seguía a todas partes,
intermitente, aparecía y desaparecía. Aprendí a reconocer su
manera de andar, el modo en que respiraba a mi espalda y como
tamborileaba con los dedos sobre la mesa de la sala en el silencio
de la casa. Una mañana, me di la vuelta en la escalera y le
espeté en voz alta: "Ya que vamos a estar juntos me podrías
decir tu nombre por lo menos". Bajó los ojos y sin dejar de
mirar sus zapatos granates dijo abriendo sus azulados labios:
"Soledad".
Al
fondo a la derecha
MAYÚSCULAS
O MINÚSCULAS, NO DA IGUAL
Hola,
soy Antón y tengo ocho años. Es la primera vez que me presento a
un concurso de mayores. Yo ya sé escribir diez líneas seguidas,
o más, y sé que poner mayúsculas o minúsculas no da igual. Lo
que no sé es escribir a ratón, ni eso de Arial 10. Yo siempre
escribo a lápiz. Mi aita dice que él me lo va a hacer a ratón
en el ordenador y que eso no es trampa.
Este cuento se me ocurrió
cuando era pequeño. Como no sabía leer y nadie tenía tiempo de
contarme cuentos, yo me los inventaba. Unas veces los pintaba y
otras me los contaba. Empiezo.
"Había una vez un niño que
se llamaba Jon. Kaixo, la perra de su tía Luz, tuvo tres
perritos. Como los iban a matar, Jon salvó a uno y le llamó
Agur. Un día alguien gritó desde la calle: 'bueno, hasta la
próxima, ¡agur!'. Agur salió disparado tras la voz y Jon nunca
más lo volvió a ver".
Estoy casi seguro de que Agur no se
fijó en que habían gritado en minúsculas.
Fdo:
Antón
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