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Tabanco :: Perú ::
1999 |
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En el verano
del 99 un grupo de doce alumnas y dos profesoras de la Escuela
Superior de Ingenieros de la Universidad de Navarra en San
Sebastián han viajado hasta Perú para colaborar en un proyecto
de electrificación fotovoltaica de una zona rural del norte del
Perú llamada Tabanco, a unos 30 km al sur de Piura. Con este
proyecto se pretendía dotar de agua y luz a ciento cuarenta
familias, las cuales hasta ahora debían recurrir a las lámparas
de queroseno para el alumbrado y debían recorrer distancias
considerables a pie o en burro para conseguir agua, la cual no
siempre reunía las condiciones adecuadas. |
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Artículo: |
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Apoyadas por
la ONG GALA, doce alumnas y dos profesoras de la Escuela,
viajaron el pasado mes de julio hasta el pueblo de Tabanco,
ubicado en el Km. 950 de la carretera Panamericana
(Piura-Chiclayo), para colaborar en un proyecto técnico-social. |
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Un sol
intenso y la arena del desierto acompañaron a este grupo de
ingenieras a lo largo de los 30 días de trabajo en el Perú.
"Llegar el primer día a Tabanco, supuso para nosotras un gran
choque", comenta Itziar Díez (3º). "Al principio –asegura- no
fue fácil acostumbrarse al silencio del desierto". Sin el
terrible ruido del continuo pasar de los coches, sin el vocerío
de la gente por las calles, sin tiendas, con el único escaparate
de un pueblo en pleno desierto, con la escasa vegetación que
pudo dejar a su paso el fenómeno del Niño. Un pueblo sin calles,
con casas de caña o de adobe y suelos de arena. |
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"No lo
imaginaba así, -comenta Aida Muntión (2º)- en un primer momento,
parecía que apenas había gente en Tabanco, pero luego supimos
que muy temprano los hombres cruzaban el río para trabajar en su
chacra (tierra), las mujeres hacían chicha (bebida derivada del
maíz), y los niños estaban en la escuela. Las cosas cambiaron a
medida que pasaron las horas, las semanas, -continúa Aida-
cuando descubrimos una gente sonriente, generosa y sobre todo,
muy feliz, a pesar de las desgracias que le ha tocado vivir. Yo
diría que nos encontramos con un pueblo que nada tiene que
envidiar a otros que tal vez podríamos llamar más
desarrollados". |
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Parte del
trabajo de estas estudiantes de ingeniería fue el cálculo de las
necesidades energéticas del sistema eléctrico, y la instalación
de paneles solares en algunas casas familiares y en el local
comunal, que la población tiene para conferencias y reuniones.
"La situación geográfica de este caserío, -explica Nuria
Rodríguez- dificulta la obtención de energía a través de un
tendido eléctrico. Por esta razón, las familias se alumbran con
mechones a keroseno, que además de su luz tenue y amarillenta
son un elemento contaminante del medioambiente y de alto costo".
Esta situación representa un grave impedimento para niños en
edad escolar, que por falta de una mejor iluminación nocturna no
pueden estudiar más tiempo. El uso del mechón a keroseno, por el
humo que produce, les irrita y deteriora los ojos y las vías
respiratorias. |
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"Aprendí
mucho con la instalación y el mantenimiento de paneles solares
en las casas de la gente –dice Montse Miranda (4º)- no sólo en
lo que a la técnica se refiere, que es muy importante, sino
hablando con ellos, compartiendo con los habitantes de la casa
esas horas de trabajo, en las que eran estrechos colaboradores
nuestros". |
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Paralelamente este grupo realizó un minucioso censo, de las 150
familias y 1100 personas que viven en Tabanco, del cual se
obtuvieron valiosos datos que posteriormente servirán para
continuar con la ayuda técnica y social en el caserío (pueblo).
"Lo que más me gustó, comenta Itziar Díez (4º) es que este censo
se hizo en un momento muy bueno, ya que nos permitió, conocer
personalmente y dialogar con un elevado número de familias, para
quienes ya no éramos unas extrañas recorriendo sus tierras, ni
unas ingenieras que instalan un panel solar en su casa y se
van". "El primer día de trabajo –explica Patricia Cuesta (4º)-
los responsables del proyecto nos dejaron muy clara la
diferencia entre ser voluntariosa, querer hacer muchas cosas,
sin más; y ser voluntaria, que es realizar lo que realmente es
necesario, combinando la parte técnica con la social. Nos
invitaron a descubrir en los demás, necesidades o sufrimientos
en los que nosotras podríamos ayudar, con nuestra buena
voluntad, pero además, aplicando los conocimientos de lo que en
un futuro será nuestro trabajo profesional. Nos enseñaron a
combinar nuestros conocimientos técnicos, con nuestra formación
humana y espiritual, para ser un valioso apoyo para muchas
personas. Pienso, -añade esta estudiante de ingeniería- que
después de toda una mañana en casa de una familia instalando una
placa solar, muchas veces conseguimos dejar lo mejor de nosotras
y llevarnos lo mejor de ellos, una amistad mutua". |
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También se
encargaron de la instalación y diseño de una estructura, soporte
adecuado para los paneles solares que alimentarían la bomba del
pozo de agua. Otra parte del proyecto consistió en el cálculo e
instalación del tanque y las tuberías que distribuirían el agua
a tres grifos, uno de ellos situado en la escuela. |
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"Los últimos
días ya sólo nos quedaba instalar las tuberías. El tendido
tendría un total de más de un kilómetro", explica Elena González
(5º). "Empezamos con siete palas cavando 25 metros desde la boca
del pozo. Era un tramo difícil porque el desnivel era muy
grande. Al día siguiente, cuando regresamos a Tabanco, nos
encontramos a unos 40 hombres uno junto al otro cavando,
terminando todo lo que nos quedaba. Era su día libre y al ver lo
que habíamos hecho, decidieron terminarlo. Para nosotras fue una
increíble sorpresa y su colaboración decisiva para que, faltando
tres días, lográramos terminar el trabajo e inaugurar las
fuentes". |
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El proyecto
en el que colaboró el grupo de ingenieras lo ejecuta la
Asociación para el Desarrollo de la Enseñanza Universitaria (ADEU),
a través de la Universidad de Piura y del Movimiento para la
Realización del Hábitat Social (MIRHAS–PERÚ). El programa fue
financiado por el Gobierno de Navarra a través de la
organización ProPerú. |
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"Ha sido una
experiencia muy positiva, para todos, -comenta Nuria Rodríguez-,
y queremos agradecer a la KUTXA su valiosa colaboración, sin la
cual este viaje nunca hubiera sido una realidad". Patricia
Cuesta señala que "la gente es lo más impresionante de Piura.
Estas personas –continúa Patricia- me han enseñado a disfrutar
de las cosas sencillas". "Son pobres materialmente, -añade
Susana Lardíes (5º)- pero no miserables. Les faltan muchas
cosas, pero tienen otros valores que nosotros no tenemos y son
felices con muy poco". |
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El grupo de
San Sebastián, que también desarrolló tareas de mantenimiento de
paneles solares en La Mariposa, caserío ubicado en el medio
Piura, y apoyó impartiendo algunas clases el "Programa de
Educación a través de los valores" en la escuela de Tabanco,
repartió medicinas y ropa recogidas entre sus compañeros de la
Escuela. Las medicinas se repartieron, pero las madres de
Tabanco decidieron donar la ropa al caserío de Chisca Blanca, ya
que, según afirmaron, "pasa momentos bastantes difíciles ya que
se recupera muy lentamente de las últimas catástrofes". |
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